Era un pacto de amor”, contestó Emanuel Leandro Díaz. Aun quebrado anímicamente como estaba, cuando lo sentaron frente al juez de Santa Rosa, Jorge Pinto, y le pidieron que explicara cómo su novia de 17 años había terminado con un tiro en la boca, el chico de 18 años se mantuvo en su versión original. Dijo que, como los padres de ella se oponían a la relación, habían acordado ponerle fin a sus vidas. Pero sólo ella terminó baleada. Él, dijo después, al verla caer herida se desesperó por socorrerla y desistió de matarse, como le había prometido.
Ayer, el drama de la parejita ya presentaba, si no un final feliz, al menos un cariz mucho menos trágico que el que ellos habían planeado. Él, aunque imputado por “instigación al suicidio”, recuperó la libertad y volvió a su casa, en Quines, con sus padres. Ella recibió el alta médica y también se fue a su hogar familiar en Candelaria, con la bala alojada en la boca.
“El martes tiene que volver a control. Si no hay complicaciones, la bala va a permanecer ahí, porque puede ser más dañina una operación para sacarla que el hecho de que la tenga ahí”, explicó la directora del Hospital San Luis, María José Zanglá.
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