Leandro Toranzo
Periodista
Una muerte que enfrenta con la muerte
Quinto día del sexto mes del año 2026 y la noticia de la mañana es una muerte.
La muerte suele ser noticia, pero pocas veces esa muerte nos enfrenta con la muerte. Es decir, pocas veces coloca a una generación frente a la certeza de la finitud de la existencia.
La tragedia, la injusticia o la magnitud de una vida suelen convertir una muerte en noticia. Pero existen también aquellas que funcionan como un espejo. Esas muertes que no hablan solamente de quien murió, sino de quienes permanecen. De quienes le sobreviven.
Cuando desaparece alguien que parecía haber estado siempre ahí —porque para quienes nacimos en los 80 y los 90 era una leyenda permanente, una presencia tan natural como el paso del tiempo— también se desvanece una parte de nuestra propia historia.
Quienes trabajamos contando tragedias convivimos con la muerte todos los días. Escribimos sobre ella. La describimos. La narramos. Le ponemos nombres, fechas y circunstancias. Pero rara vez pensamos en ella como una irrupción sobre nuestras propias vidas. Hasta que una noticia como esta aparece y obliga a mirar alrededor.
Entonces resulta inevitable pensar en aquellos que todavía están, pero que algún día no estarán. Los padres. Los tíos. Los amigos con quienes compartimos las primeras noches de rock, las primeras salidas, las primeras derrotas. Los personajes que aparecen en las fotos familiares y que uno, equivocadamente, imagina eternos.
Tal vez entrar en los treinta y largos, o acercarse a los cuarenta, sea también descubrir eso: que la muerte dejó de ser una noticia lejana. Que ya no ocurre solamente en las generaciones anteriores. Que empieza a rozar los márgenes de nuestra propia biografía.
Y entonces aparece una certeza incómoda. Si se fueron Maradona, Iorio, Traverso y ahora, el Indio, otro de los nombres que parecían inamovibles, inevitablemente también se irán los estampados de otras banderas. Los nombres que marcaron una época. Las voces que creíamos destinadas a acompañarnos siempre.
La noticia deja de ser únicamente la muerte de una persona. Se convierte en el recordatorio de que una época se aleja, de que los ídolos envejecen, de que los referentes se marchan y de que la vida, inexorablemente, avanza hacia un destino común.
Por eso algunas muertes duelen más allá del afecto o la admiración. Porque nos obligan a reconocer que nosotros también somos parte de esa cuenta regresiva silenciosa que comenzó el día en que nacimos. Y porque, aunque uno pase la vida escribiendo sobre la muerte de los otros, nunca termina de estar preparado para aquellas muertes que, en realidad, vienen a hablarnos de la propia.
Aunque nadie será capaz de matarlos en nuestra alma.
LA MEJOR OPCIÓN PARA VER NUESTROS CONTENIDOS
Suscribite a El Diario de la República y tendrás acceso primero y mejor para leer online el PDF de cada edición papel del diario, a nuestros suplementos y a los clasificados web sin moverte de tu casaMás Noticias
