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Renzo Herrera, el chico que hace pan, tiene miles de seguidores y duerme lo menos posible

Se levanta todos los dias a las cuatro de la mañana para empezar un rutina gratificante. Reza, se fija las metas y se va al gimnasio, para volver a hacer pan y raspaditas para sus miles de clientes. Dice que no es influencer sino que tiene una marca personal. 

Por redacción
| 16 de octubre de 2026

En cada posteo, en cada historia que sube, en cada comentario que comparte, la intención de Renzo Herrera es documentar su vida. Y parte de ese trabajo es mostrarse tal cual es, sin filtros, con los resultados del sacrificio en sus acciones que, a grandes rasgos, se dividen en dos: la elaboración de panes para vender y su trabajo en el gimnasio.

 

 

El joven es la sensación de las redes sociales en la provincia pero no se considera un influencer. “Un influencer es quien tiene muchos seguidores y, con una empresa, hace una colaboración para influir en su venta. Yo lo que tengo es una marca personal, algo que me permite ser yo mismo”, explicó y puso como ejemplo una figura que también está entre sus prioridades diarias.

 

 

“Jesús tenía muchos seguidores y no tenía Instagram, pero es la marca personal más famosa del mundo. En mi caso soy yo dándole al mundo lo que hago y me gusta porque sé que mi contenido ayuda a las demás personas, a otros emprendedores”, sostiene el joven de 26 años que nació en el barrio San Luis XV, hijo de madre ama de casa que supo tener un quiosco en su casa y padre empleado fabril y quinto de seis hermanos.

 

 

Renzo celebra haber pertenecido a la última generación de chicos que jugaron a las escondidas, al fútbol en la calle, que anduvo en bicicleta antes de la irrupción de las pantallas en las infancias. Dijo que fue una etapa que disfrutó mucho y de la que tiene los mejores recuerdos.

 

 

“Uso el gimnasio como herramienta para la vida, para sentirme bien, para trabajar en mí, porque soy consciente de que soy la única persona capaz de pechar todas las otras áreas de mi vida”.

 

 

 

Fue a los 17 años que Renzo vio una receta de raspaditas en YouTube y al ver que le salió bien nada lo pudo parar. “En simultáneo vi un video que decía ‘si sabés hacer algo bien, no lo hagas gratis’. Ahí empezó todo”, sostuvo el joven, que tuvo como primeros clietnes a sus compañeros en la escuela del barrio.

 

 

Un día, con la sensación de que con la asunción en el poder de la nueva gestión “todo se iba a ir al carajo”, Herrera tomó sus cosas y se fue a Italia en busca de un mejor futuro. Su negocio estaba en quiebra y quiso probar qué tal era eso de vivir solo lejos de su familia.

 

 

Allá cuando empezó a documentar su vida, a armar su marca personal. Mientras trabajaba como empleado, filmaba todos los días un video para subir a las redes sociales, sin ningún tipo de repercusión. “Estuve un año sin obtener visualizaciones, pasando desapercibido”.

 

 

Cuando se le venció el permiso y tuvo que salir de la Unión Europea por 90 días para renovar el pasaporte, Renzo desestimó la posibilidad de ir a México y decidió regresar a la Argentina, ver a su familia de sorpresa esos tres meses, siempre con la intención de volver a Italia.

 

 

“Nunca estuvo en los planes quedarme en acá”, sostuvo el joven que en su paso por San Luis siguió con el alimento de contenido en las redes. “Grababa en el día a día, paso a paso, y me empecé a mostrar tal cual hacía las cosas. La gente empezó a conectar y mis videos empezaron a tener buena repercusión”, contó con la misma tranquilidad con la que mencionó la escasez de respuesta que tuvieron sus posteos iniciales.

 

 

 

La elaboración de panes, raspaditas y panes rellenos comenzó a levantar y las redes fueron el canal para los pedidos de la gente. Instagram, TikTok y WhatsApp se convirtieron en los canales donde se hacen los encargos que luego un grupo de cadetes reparte por toda la ciudad, todo un mecanismo que hace que en la actualidad, Herrera proyecte su tarea a largo plazo y la vea como una empresa en crecimiento.

 

 

Se levanta todos los días a las 4 de la mañana “para aprovechar el día lo que más se pueda” y tras sus oraciones, la fijación de metas y “la nutrición del alma” se va al gimnasio, un espacio que siente que le hace bien. “Lo uso como herramienta para la vida –agregó-, para sentirme bien, para trabajar en mí, porque soy consciente de que soy la única persona capaz de pechar todas las otras áreas de la vida”.

 

 

El pensamiento del joven es que al forjar la disciplina del entrenamiento, transfiere fortaleza a cada parte de su vida; pero además los beneficios son muchos más concretos, según enumera: energía, salud, claridad mental, rendimiento. Por ahora lo hace solo, ya que más allá de sus hermanos que colaboran en la elaboración del pan dice que no tiene otros amigos.

 

 

Durante un tiempo forjó algunas relaciones con otros chicos de su edad con los que salía a entrenar en la plaza Pringles en mitad de la noche, pero ahora dejó de hacerlo.

 

 

“Estoy en un punto en el que estoy tan agradecido y me encanta tanto la vida que quiero vivir, quiero estar despierto mucho tiempo, dormir lo menos posible, para vivir lo más posible”, dice Renzo antes de subir una nueva historia, antes de seguir en la tarea de documental su vida.

 

 

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