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"Toti" Guevara, los consejos de su madre, la muerte de su padre y sus primeras Nike Air

Comenzó con un pequeño quiosco que ahora es un mercado de provee a los vecinos del centro. Jugó al básquet, al fútbol, fue DT y ahora se dedica al golf. Sueños, objetivos y pasiones de un hombre que tiene una anécdota para cada cosa y un sueño que ya no oculta: ser intendente de San Luis. 

Por redacción
| Hace 3 horas

Se llama José María Guevara pero con solo cuatro letras que conforman su apodo -que es ajeno en realidad- es suficiente para identificarlo en las calles de San Luis por las que transita con la mirada del puntano promedio. El apodo es el mismo con el que bautizó el quiosco de barrio ahora convertido en un mercado amplio y luminoso erguido en el centro de la ciudad. Pero resulta que el sobrenombre no le pertenece a él, sino a su hermano, José Luis.

 

 

“Toti” Guevara adoptó el seudónimo a fuerza de renombre por parte de sus clientes, que entran al quiosco “Toti” y muchas veces lo ven a él, por más que a esta altura, a casi treinta años de su apertura, tenga diez empleados. “Abrimos el quiosco el 17 de mayo de 1997, yo tenía 17 años y mis hermanos más chicos me veían como a un padre. Nos ha costado mucho el crecimiento, nos ha costado un montón”, dice en rememoración a los tiempos iniciales.

 

 

Como casi todo en su vida, el inicio del quiosco tiene una anécdota. “Como mi mamá veía que con mi hermano éramos de andar mucho en la calle, de jugar a la pelota, nos dijo que iba a ponernos un quiosco para que veamos lo que es trabajar. Ella quería provocar el efecto inverso y que volviéramos a estudiar, pero se encontró con dos tipos –yo y mi hermano- muy laburantes, dispuestos a progresar”.

 

 

"Nunca vi a San Luis tan pobre como ahora, nunca vi a la gente revolviendo basura en la calle como pasa ahora. Es muy doloroso"

 

 

 

La prehistoria del comercio tiene, a su vez, un trasfondo doloroso para Guevara que se empezó a escribir con la repentina muerte de su padre, Antonio Ángel José "El Tony" Guevara, a los 37 años, producto de un infarto. “Era chapista y corredor de rally, pudo haber hecho una gran carrera, era amigos de grosos como Federico “Feco” Schimd y “El Turco” Marcos”, recordó “Toti.

 

 

Viuda y a cargo de tres hijos de entre 11 y 2 años –a José María y José Luis se sumó Laura, la menor-, la madre de Guevara, María Luisa Fredes, decidió dejar el barrio Las Américas e instalarse en la casa de su madre, en Ayacucho entre Chacabuco y Mitre. Un día, una sola vez, frente a sus hijos, les brindó cuatro o cinco consejos que le sirvieron para toda la vida: “Sean unidos, no se traicionen, trabajen, estudien, no roben, no se droguen y no malgasten la plata”.

 

 

Para “Toti” allí está nada más y nada menos que la Biblia de la vida, la Constitución Nacional de su existencia. Hasta al día de hoy, a punto de cumplir 50 años, el comerciante sigue esos mandamientos y no le ha ido nada mal, aunque tuvo que soportar algunos dolores, como la muerte de su abuela, hace dos años, a los 93, una mujer que los ayudó mucho en su niñez.

 

 

 

La adolescencia de Guevara pasó entre el básquet –empezó en Victoria y pasó por La Merced, Guay Curú y Universidad-, el final de la secundaria con algunas dificultades en el Colegio Nacional y los tres años y medio que hizo de Periodismo en la UNSL que tuvo que abandonar para continuar con el quiosco y estar cerca de su familia.

 

 

Cuando no había terminado la secundaria, José María recorría en bicicleta el centro de San Luis y levantaba quiniela en la Casa de Gobierno, con el fin de hacerse de unos pesos y conseguir su objetivo de entonces: las Nike Air Max, con novedosas cápsulas de aire, para jugar al básquet. Era un base movedizo, buen tirador, pero siempre en función del equipo.

 

 

“No solo para el deporte, para todo en la vida creo que soy un buen jugador de equipo, siempre estoy a disposición de mis compañeros”, dijo el trabajador, quien se definió peronista, hincha de River y respetuoso de todas las opiniones.

 

 

Aunque ahora los asados con amigos y alguna licencia en la dieta lo alejaron del deporte, “Toti” jugó al fútbol, se recibió de Director Técnico profesional y trabajó con chicos en Huracán, el club del que es hincha en San Luis, y Pringles, pero se alejó desmotivado por alguna decisiones dirigenciales. Ahora se dedica al golf, una elección que puede resulta extraña pero que, como todo en la vida de “Toti”, tiene una anécdota.

 

 

“Cuando llegó a San Luis ESPN, veíamos con mi viejo todos los deportes; y en golf en ese momento estaba Greg Norman, un australiano que era un fenómeno. Ahí me acuerdo que le dije a mi viejo que quería jugar”, sostiene el trabajador que hace más de un año, gracias a un amigo, empezó a tirar birdies con frecuencia.

 

 

 

Pero su vida es el negocio, el proyecto que nació con una humilde ventanita y por el que han pasado tantas historias que “Toti” dice que puede escribir diez libros. Está en la que era la casa de su abuela y el crecimiento fue notorio y sostenido en base a una actitud que para Guevara es el sostén de cualquier emprendimiento: sacrificio, trabajo, humildad y respeto.

 

 

“La gente cree que humilde es el que baja la cabeza y se deja mandar, pero en realidad el humilde es el que hace cosas, se puede equivocar y lo vuelve a intentar”, definió el comerciante que dice que la gente se divide en dos tipos: los talentosos, los cracks, los genios por un lado; y los sacrificados, los que tienen hambre y una sana ambición de superarse aunque tengan que esforzarse para conseguir sus objetivos. “Yo estoy en ese grupo”, saca pecho, orgulloso.

 

 

Si bien ahora el quiosco ha crecido, el alma con el que Guevara lo encaró hace 30 años fue el de comercio de barrio, donde los vecinos entren y saluden al almacenero, se queden a conversar un rato y se sientan parte del salón. Si hay algo que a “Toti” le molesta es la atención fría y distante que la modernidad impuso en los comercios.

 

 

Detrás de su trabajo diario, de la pelota de golf, de las asistencias basquetbolísticas, de las empanadas que hace en su comercio, del padre de sus hermanos, de las mil anécdotas que acumula, hay un hombre al que, como si tuviera tiempo, le encanta la política. Y eso que aclara que nunca le dio nada para desarrollarse laboralmente.

 

 

Lo primero que se le cruza ante la consulta es que “nunca vio a la provincia tan pobre como ahora”. Asegura que nunca vio tanta gente revolviendo la basura ni en pena para llegar a fin de mes. Le pasa a él que este mes tuvo que desdoblar los sueldos de sus empleados. Además, señaló que ve el centro feo, sin brillo .

 

 

Aunque aclaró que que su máxima es no atacar al adversario político, respetar la manera de pensar ajena y colaborar para el bien de la gente. Y dijo, además, sin ningún freno que lo obnubile, que le gustaría ser intendente de San Luis. “Tengo la capacidad de trabajo, tengo las energías; me faltan las cuestiones técnicas de la política, pero estoy dispuesto a aprenderlas”.

 

 

Así como lo dijo en la entrevista con “Contanos de vos”, lo dice cada vez que le preguntan, basado en una realidad que quienes lo conocen saben que es imposible de refutar: “Yo amo San Luis, porque San Luis me dio todo. Mis amigos me dicen que me vaya de vacaciones y algunas veces me he ido, pero a los diez días ya tengo que volver. Extraño a mi vieja, extraño a mi cama, extraño mi trabajo, pero sobre todo extraño a mi ciudad”.

 

 

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