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Merlo, con el agua al cuello en todos los sentidos

En el Concejo deliberante la sesión extraordinaria fue un bochorno; el intendente sigue deslegitimado, la tormenta causó destrozos y el viernes abre el Festival del Valle del Sol. ¿Algo más? Sí, la temporada sigue floja.

Por redacción
| Hace 8 horas

Con el Festival Nacional del Valle del Sol a la vuelta de la esquina, la impresión central es que en Merlo hay poco que festejar, a menos de manera institucional. Los desmanejos del municipio, el amparo en una patética mayoría automática en el Concejo Deliberante y la observación de todo el escándalo desde el pedestal del Ministerio de Turismo y las Culturas resuenan más fuerte que el canto preciso de Abel Pintos,  la cumbia auténtica de La Delio Valdez y las alabanzas de Rodrigo Tapari.

 

 

Lo que sucede en el principal municipio turístico de la provincia es preocupante más allá de la magra (otra vez) temporada de vacaciones a la que los números mejorados respecto a años anteriores no alcanzan a tapar la desazón del sector. La realidad institucional de una administración de seguro desgastada y -a juzgar por un grupo de concejales- ilegal, termina de redondear un presente complejo y lleno de incertidumbres.

 

 

A eso se sumó en la ajetreada mitad de semana la tormenta que golpeó a toda la provincia pero tuvo una fiereza especial en la villa. Dos viviendas inundadas, calles que quedaron peor de lo que estaban y prolongados cortes de luz promediaron la semana más movida del año en una localidad que parece no tener paz.

 

 

Uno de los problemas más persistentes es el institucional, cuyo mayor responsable es, otra vez, Juan José Alvarez Pinto, electo intendente de la localidad que, ambicioso y obediente, acudió al llamado del Gobierno Provincial para ser ministro de Turismo hace poco más de un año. Quien debería ser la máxima autoridad de la ciudad dejó en su cargo a un desabrido Leonardo Rodríguez, un político sin luces ni poder de mando que estaba muy cómodo como presidente del Concejo Deliberante y que se encontró con un puesto para el que no fue votado y, peor, para el que no estaba preparado.

 

 

Por supuesto que el monitoreo lejano de Álvarez Pinto mantenía con algo de comodidad al enclenque Rodríguez, hasta que a los soldados del ministro se les olvidó el paso institucional de extender el pedido de licencia como intendente de Juan José y comenzó una disputa legal que promete extenderse.

 

 

Fueron los tres concejales de la oposición quienes advirtieron que no había en ningún registro una solicitud por parte del ministro de extender su licencia como jefe del Ejecutivo Municipal más allá del 23 de diciembre del año pasado, la fecha fijada formalmente en los estatutos. La acusación de vacío legal, la posibilidad de que un funcionario ocupe un cargo sin consenso y denuncias en la justicia fueron otro capítulo de una novela política con las sierras como escenario.

 

 

Evidentemente la municipalidad sintió el impacto. Y mientras algunos funcionarios mostraban los preparativos del fastuoso escenario que el viernes comenzará a rodar con música y baile, otros se preguntaban cómo salir del embrollo que había quedado expuesto.

 

 

La torpeza los llevó a aceptar una sesión extraordinaria en el Concejo Deliberante en la que se debatiría la situación, aún con la tranquilidad de la mayoría automática, que vota siempre de acuerdo a los intereses de Rodríguez, Álvarez Pinto y demás dirigentes radicales que le hacen, a su vez, el caldo gordo al Gobierno Provincial.

 

 

Pero los concejales opositores también encontraron en el llamado a las sesiones extraordinarias otras irregularidades, con lo que intentaron demostrar la desprolijidad con que se manejó no solo la intendencia sino también  el Concejo deliberante, su órgano legislador.

 

 

No obstante, lo peor, todavía, al miércoles 4 de febrero, día de la sesión, no había ocurrido. La reunión legislativa fue un bochorno más a los que, lamentablemente, se está acostumbrando la ciudadanía merlina.

 

 

“Parece que para Alvarez Pinto, Merlo es el plan B”, espetó Lucía Miranda, una de las concejales de la oposición que parece dispuesta a llegar a las últimas consecuencias en la necesidad de aclarar qué pasa en la vida municipal de su localidad. La edil insistió en que el actual ministro tiene la licencia vencida y que existe una situación irregular en la comuna.

 

 

Pero lo más sorpresivo vino después, cuando tomó la palabra María José Alvarez Pinto, concejal oficialista y hermana de Juan José. Con indudable predisposición fraternal, la mujer no solo se tomó el obvio trabajo de defender a su familiar y jefe político, sino que además impulsó un pedido –fuera del orden del día y por ende del reglamento- para que sus colegas pidan disculpas por agraviar la figura del intendente fantasma. Es más, le pidió a la presidenta del Concejo, su amiga personal Patricia Morandé, que inicie acciones judiciales si en 72 horas el perdón no está pedido.

 

 

Sobre la acusación en sí, la concejal se limitó a decir que quienes lo impulsaron habían tenido un “error de apreciación” y fantaseó al señalar que la prórroga se extendía automáticamente, mientras del otro lado se preguntaban, sorprendidas, de dónde había sacado la concejal esa información. Al finalizar la sesión , María José lamentó el “circo mediático” armado alrededor de la licencia de su hermano y dijo que el gobernador Claudio Poggi está muy conforme con el trabajo del ministro. De nuevo surgieron los interrogantes sobre la fuente de información que maneja la defensora.

 

 

A partir de ahí en la sesión hubo chicanas, gritos, pases de facturas, abandonos del recinto y la sensación de que el oficialismo tiene decidido a mostrar sus facones de patrones de estancia ante cualquier crítica que se pueda asomar por parte de quienes no piensan en su mismo sentido. Y si es necesario ponerlos de rodillas, harán lo que sea en esa dirección. Mientras, afuera, como una metáfora atroz de la vida institucional, asomaba la tormenta.

 

 

Por supuesto, gracias a la mayoría, la figura del intendente actual y, fundamentalmente, la del olvidadizo Alvarez Pinto quedaron salvadas por lo menos hasta que las luces del festival se enciendan y muchos de los dirigentes de la localidad turística empiecen a bailar sobre las ruinas institucionales y sobre el escenario Antonio Esteban Agüero, un poeta que tendría las palabras justas para describir el presente de su atribulado pueblo.

 

 

Para el resto de los mortales es difícil describir lo que está sucediendo en el pequeño país.

 

 

 

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