Supervivencia estatal: vender mates, ropa o manejar un Uber para llegar a fin de mes
Empleados de diferentes áreas —maestros, policías, personal de salud— recurren a distintos "malabares" para hacer dinero extra. No se trata de emprendedurismo para progresar, sino de sobrecarga laboral para vivir mínimamente bien.
El complejo escenario salarial que enfrenta la provincia, con haberes licuados, deriva inevitablemente en dramas serios de cara a las familias puntanas. Muchos empleados estatales sufren severamente las peripecias de no tener dinero suficiente para vivir: cada vez hay más deudas con tarjetas de crédito para comprar mercadería en los supermercados, los alquileres están por las nubes y aquellos que tienen hijos se tienen que dirimir en gastos esenciales. Frente a esto, los sueldos apenas alcanzan para pagar algunas cuentas, pero siempre queda un saldo negativo que se propaga en pagos mínimos crediticios que generan un círculo infinito de drama.
En este escenario, la gente se la rebusca como puede y cada vez son más los que tratan de emprender. Pero ese emprendedurismo no va anclado en el progreso específicamente, sino en la enorme necesidad de supervivencia.
Maestros, personal de salud, policías y trabajadores de distintos sectores se las ingenian para vender diferentes productos o manejar vehículos para servicios de transporte. El resultado: personas sobreexplotadas que no dan más ante una realidad de indiferencia.
"No damos más"
María, una maestra que prefirió mantener su apellido en reserva para evitar problemas en su trabajo, luego de trabajar en el establecimiento escolar donde se desempeña, se sube a su auto para prestar servicio en Uber.
"Termino la escuela, almuerzo y sigo con el auto. No manejo horarios rigurosos, pero al menos unas cinco horas por día hago, a veces más. La ganancia apenas alcanza para subsistir, tapar agujeros, saldar una deuda para meterse en otra. No soy la única, otras colegas mías hacen lo mismo. No damos más", remarcó.
Romina, profesora de un establecimiento del interior, vende sahumerios y ropa deportiva. Publica cotidianamente en sus redes sociales los productos que ofrece y, en las horas que podría descansar, se dedica a los trámites y abordajes respectivos para su actividad extraescolar.
"Yo no hago mucha diferencia. Hay veces que se mueve, otras que no. La gente cada vez cuida más su bolsillo. Es muy triste lo que pasa, porque no es que trabajamos más para mejorar considerablemente nuestra calidad de vida; trabajamos para subsistir, pero empeorando nuestra salud mental y física", manifestó.
El drama de la vocación ninguneada
No pocas personas que tienen el honor de un propósito, una vocación en su vida, piensan seriamente en dejarlas a un costado para ir en busca de algo que les permita una mejor situación socioeconómica. Sucede bastante con policías o con personal sanitario, que ante los bajísimos sueldos piensan en tirar la toalla, aún con el riesgo que implica.
"Soy policía. Estamos explotados, con haberes miserables. Vendo lo que va surgiendo, a veces artículos electrónicos, a veces perfumes. Y con eso aprovecho para acortar gastos con el alquiler, por ejemplo. La verdad, estoy pensando en dejar la Fuerza. Por ahí conviene hacer cualquier cosa. Es muy triste porque hay una vocación, pero también hay una familia que mantener, a la que hay que dedicarle lo mejor, y la situación actual no lo permite", contó Marcos, quien por temor a represalias pidió reservar su nombre.
"Yo hago empanadas, pizzas, pan casero. Tengo mis clientes que cada tanto me hacen pedidos y bueno, eso me ayuda a salir adelante. Pero es muy triste que nuestros haberes sean casi como de medio tiempo", mencionó Javier, quien trabaja en el ámbito de la salud.
Una respuesta que no llega
Los estatales están literalmente entre la espada y la pared. Porque cualquiera que se anime a reclamar con nombre y apellido sabe que sus días laborales están contados. Entonces, aquellos que aún subsisten lo hacen a costa de "bajar la cabeza", de "aguantar". Pero la rabia está incontenida y la sociedad sabe de la situación.
En diferentes publicaciones oficiales en redes sociales, la gente manifiesta en los comentarios la necesidad de medidas efectivas ante el drama económico, pero el Gobierno omite todo planteo. Directamente hay un "ninguneo" que duele en el bolsillo y en el corazón del personal.
Habrá que ver cómo sigue la situación; por ahora muchísimos estatales casi no tienen nada libre en sus agendas frente a los múltiples roles que ejercen, más allá de sus respectivas obligaciones profesionales.
LA MEJOR OPCIÓN PARA VER NUESTROS CONTENIDOS
Suscribite a El Diario de la República y tendrás acceso primero y mejor para leer online el PDF de cada edición papel del diario, a nuestros suplementos y a los clasificados web sin moverte de tu casaMás Noticias
