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"Trabajar el suicidio seriamente es denunciar que el Estado no cumple con la Constitución"

El filósofo y teólogo Rodolfo Altamirano cuestionó con dureza el abordaje oficial de la problemática tras el rechazo de un programa de prevención juvenil en el norte provincial.

Por redacción
| Hace 18 horas
El filósofo, Rodolfo Altamirano, tiene un amplísimo recorrido intelectual, con libros publicados y un camino en la docencia que deja huellas en la comunidad. Foto: gentileza.

"Nadie se enferma mentalmente porque a la mañana tomó el té más caliente o más frío, sino porque hay una consecución de acciones diversas a nivel social, político, económico y educativo que van deteriorando a las personas". Con esa contundencia, Rodolfo Altamirano analizó una de las problemáticas más complejas y dolorosas que atraviesa la provincia: el suicidio.

 


Formado en la Universidad Nacional de Cuyo y radicado en Tilisarao, Altamirano combina tres décadas de docencia con su perfil como filósofo y teólogo de la liberación. Desde ese cruce disciplinar, preside la Asociación Civil Profesor Carlos Astrada, la Fundación STOA y coordina el grupo "Rescate por la Vida". Su mirada rompe con la perspectiva tradicional: el suicidio no puede ser tratado de forma aislada. "No se puede tocar el tema desde una cuestión meramente mental, sino desde una cuestión sociopolítica", sentenció.

 


Un Estado ausente y respuestas superficiales

 


Para el especialista, el panorama actual en San Luis denota una profunda carencia de políticas públicas. "Primero que nada, es muy complicado, al menos en esta provincia, desarrollar políticas, incluso políticas sociales desde las ONG, organizaciones sociales o programas que tengan que ver con la prevención del suicidio, porque hay un Estado que está ausente, el Estado provincial me refiero, e incluso los municipales. Se pintan preocupados cuando ocurre un suicidio", apuntó.

 

 

Rodolfo Altamirano lleva sus conocimientos a la praxis social, lejos del intelectualismo de escritorio. Foto: gentileza. 

 


Altamirano recordó la "alerta roja" que se vivió en la provincia en noviembre del año pasado, la cual motivó la realización de un congreso oficial en la ciudad de La Punta. Sin embargo, su balance es crítico: "Ese congreso fue una declaración de intereses superficiales porque no se siguió un eje programático; fue conferencista y teñido de una cierta tendencia religiosa protestante. El congreso fue solamente exclamativo y no tuvo asidero en el desarrollo".

 


El filósofo advirtió que, mientras las iniciativas oficiales se diluyen, los actores territoriales quedan desamparados. Como ejemplo, citó el caso de un grupo de contención en La Punta integrado por unos 40 profesionales y voluntarios: "Trabajan muchísimo y han querido hacer un desarrollo programático de sostenimiento de la familia del suicida, pero están totalmente desapoyados, no tienen apoyo del gobierno".

 


El proyecto rechazado 

 


Ante este diagnóstico, Altamirano diseñó a través de la Fundación STOA una jornada formativa destinada a las regiones educativas, con el objetivo de implementarla inicialmente en Tilisarao, una zona —junto a otras localidades del Valle del Conlara— con un histórico y sensible registro de casos.

 


El programa consistía en un taller didáctico de cuatro horas en colegios secundarios con grupos seleccionados de entre 30 y 35 jóvenes. "La idea no era que quedara ahí. Se trataba de trabajar con esos jóvenes todo el año después de la jornada en encuentros extraescolares, donde se los capacitaba como preventores del suicidio para darle cuerpo a la figura de 'agente preventor', por fuera del Estado", explicó el docente. La meta era aprovechar la red de relaciones de los propios chicos para detectar señales de alerta en sus pares.

 


Sin embargo, la propuesta fue desaprobada por el Ministerio de Educación en el área de capacitaciones. "¿Cómo terminó esto? No nos aprobaron la jornada en el ministerio, nos cerraron las puertas. Hacerlo extraescolar es imposible; si invitás por fuera, los chicos no van, y es lógico porque no hay una conciencia colectiva", lamentó Altamirano, quien calificó el rechazo como "una derrota en el año" debido a que contaban con el aval del Municipio, pero se quedaron sin el ámbito para llegar a los sujetos clave: los jóvenes.

 


La raíz socioeconómica del deterioro mental

 


Para Altamirano, la negativa gubernamental a este tipo de debates radica en el trasfondo político que el problema conlleva. "El suicidio contrasta y demanda al Estado directamente. Eso quizá tiene que ver con que el Estado no quiere jugársela. Trabajar el suicidio seriamente es denunciar que el Estado no cumple las garantías del artículo 14 bis de la Constitución: el Estado debe garantizar vivienda, salud, trabajo, educación. Esto tiene que ver todo con el suicidio", argumentó.

 


"El gobierno te da una vivienda, perfecto. Pero no te garantiza el hogar, porque no hay trabajo. Y si no hay trabajo, no hay digna comida. Ahora con el caos de la Zona Fría y el gas, hay gente que va a tener casa pero no va a poder pagar el gas, otros tienen casa y no pueden pagar los remedios. Entonces uno se hace la cabeza, se empieza a preocupar, entra el estrés, y después te encontrás con alguien que se suicida porque sus necesidades básicas no son resueltas", agregó.

 


El filósofo insistió en que el entorno familiar absorbe de manera directa la crisis social. "Detrás de la palabra trabajo, educación, salud y vivienda hay personas, seres humanos. No vamos a entrar con la chicana de 'contribuyentes'. La carencia de un trabajo en el hogar lleva a discusiones, a separaciones, y los jóvenes están ahí, absorbiendo la situación. El Estado no puede desentenderse del suicidio como si fuera simplemente una cuestión mental", aseveró.

 


Prioridades presupuestarias y crisis educativa

 


El análisis de Altamirano también apuntó hacia el sistema educativo actual y la distribución del gasto público. Respecto a las escuelas, sostiene que "estamos educando mal a los chicos, no los estamos llenando de vida, sino de una educación absolutamente muerta", criticando la desproporción horaria que relega a las disciplinas humanísticas (que son las que ayudan justamente a pensar y pensarse): "No puede ser que haya diez horas de matemática contra una hora de artística y dos de filosofía".

 


Por otra parte, cuestionó la falta de recursos médicos esenciales en el interior de la provincia en contraste con otras erogaciones del Ejecutivo: "En los hospitales no hay médicos, en el Valle del Conlara no hay especialidades, no hay un ginecólogo. Pero sí hay plata para 2.500 asociaciones civiles cada dos meses. Es muchísima plata que se podría inyectar en un médico", señala, y añade: "No hay que ser licenciado en economía para darse cuenta de que la plata que estás tirando en la fanfarria de las asociaciones civiles no va a un campo productivo, sino a un banco de votos".

 


Finalmente, el pensador advirtió sobre la fragilidad emocional colectiva ante la falta de horizontes claros: "Se produce un desequilibrio social que decanta en una problemática mental. Hay una tremenda crisis de la interioridad de la persona. La gente que nos gobierna nunca hizo un curso de neurociencia para darse cuenta de que las emociones del sujeto están al borde todos los días de quebrarse. Si esto no se desarrolla desde el punto de vista humano, el tema del suicidio va a seguir estando. Es un callejón sin salida".
 

 

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