Murió "Cabezón", el perro que hace 20 años ladraba al ritmo de la ciudad
Fue parte de la postal puntana y participante inevitable de cuanta manifestación ciudadana hubiera. Tenía al menos tres nombres y hasta una canción en su honor. Su cuidadora dijo que se fue "calentito y acompañado". Mirá el video.
Si, como la canción que compuso Alberto Cortéz, los perros vagabundos lo son por derecho propio, “Cabezón Canabis Osito”, el perro que andaba por toda la ciudad con su ocico listo y la palmeada de todos, eligió su vida de esquina y ladridos. Mascota de todos, conocedor de la ciudad más que cualquiera, participante sin libros de la vida universitaria, el ovejero alemán falleció en las primeras horas del 1 de julio.
“Cabezón decidió partir”, publicó en mitad de la madrugada Gabriela Pedernera, la mujer que hace más de diez años se dedicó a cuidar y darle cobijo al animalito, aunque nunca quiso que la llamaran como su dueña. “Cabezón” era de todos, justamente porque nunca tuvo dueño.
Dijo Gabriela que los anteriores a la muerte de la mascota fueron meses complicados, en los que “batalló contra todos los cambios que su cuerpito le presentaba”. Aseguró además que se fue “acompañado, atendido y calentito”.
Así como el callejero de Alberto Cortéz, Cabezón también tuvo su canción, compuesta por Julián Manrique para “Los manyines de Cuyo”, la banda que como pocas rescata el latir de la ciudad y de la provincia. “Para nosotros el Cabezón es un manyín más. Está en la calle, es parte de nuestra cultura y es muy social contestatario”, contó Julián hace cuatro años, cuando editó la canción.
A la cabeza de cuanta marcha hubo en los últimos 20 años, el perro tuvo muchos nombres. Le decían “Cabezón” sus allegados más cercanos, “Osito” aquellos que detectaron sus orejas cortadas y “Canabis” los amantes de la vida nocturna, que se lo encontraban en cualquier bar, como buen callejero. Su última participación masiva fue en el desfile del 25 de mayo.
Como aquel personaje “de la puerta abierta en cualquier hogar”, que describió Cortez, el perrito puntano dejó el espacio como testamento, sobre todo para Gabriela, quien lo cuidó con suma responsabilidad y, sobre todo, amor. “No cambiaría un día de nuestra vida juntos”, concluyó su posteo más triste.
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