Informalidad en San Luis: la economía del rebusque para sobrevivir
Vendedores ambulantes, cuidacoches y recicladores aumentan ante la falta de empleo formal. La presión sobre comedores comunitarios gráfica la dureza de la crisis.
Las calles de San Luis reflejan de forma cada vez más visible una transformación social y económica que se acelera: el incremento vertiginoso de ocupaciones informales y de subsistencia. Manteros, vendedores ambulantes, cuidacoches y recicladores urbanos de cartón, vidrio y aluminio se han multiplicado como una estrategia desesperada de familias que buscan llevar el pan a la mesa.
Esta realidad abre un complejo dilema que incomoda tanto al sector privado como al Gobierno provincial y municipal. Por un lado, comerciantes formales advierten sobre situaciones de competencia desleal y comerciantes locales señalan tensiones en el uso del espacio público.
Por el otro lado, se encuentra el núcleo más complejo del problema: son trabajadores desempleados golpeados por el ajuste económico que, sin estas "changas" diarias, no tienen otra vía de supervivencia.
La gravedad de la situación trasciende la vía pública. En comedores y merenderos de diversos puntos de la provincia advierten un aumento sostenido de familias que acuden para garantizar al menos un plato de comida al día.
En los barrios, la imagen de personas revolviendo contenedores de basura o buscando materiales para revender dejó de ser una excepción y se tornó un síntoma cotidiano de la pérdida absoluta del poder adquisitivo.
El panorama local dialoga de forma directa con los datos nacionales. Según un reciente informe del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD), la tasa de informalidad en Argentina alcanzó el 44,2% entre comienzos de 2025 y el primer trimestre de 2026, consolidando uno de los registros más altos de los últimos años.
El estudio del CETyD remarca que el aumento de puestos de trabajo no se traduce en una mejora del mercado laboral, sino en la expansión de ocupaciones precarias e independientes sin protección formal.
Además, advierte que más del 90% de las personas que consiguieron empleo en este período sufren de subocupación: necesitan sumar más horas de trabajo para llegar a fin de mes, pero la caída generalizada del consumo retrasa y limita cualquier posibilidad de incrementar ventas o conseguir mejores ingresos.
En San Luis, la economía de subsistencia se ha vuelto la única red de contención para miles de hogares que intentan capear un contexto de estrechez económica donde el trabajo formal escasea y el ingreso informal apenas alcanza para la comida diaria.
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