Una conocida referente del deporte adaptado cuestionó la atención del Hospital Central
Mariana Luberriaga expuso el calvario que vivió su abuelo. El caso se viralizó. "Después de cinco días internado se va sin diagnóstico ni tratamiento".
La crisis en el sistema de salud provincial sumó un capítulo de alto impacto luego de que Mariana Luberriaga, reconocida kinesióloga especialista en deporte adaptado y de paso vinculado a la gestión pública, hiciera público el calvario que atravesó su abuelo de casi 90 años durante una internación de cinco días en el Hospital Central “Dr. Ramón Carrillo”.
El descargo compartido en redes sociales escaló rápidamente hasta convertirse en un fenómeno viral. En Facebook, la publicación cosechó 218 reacciones —116 “me gusta”, 67 “me entristece”, 22 “me enfada”, 10 “me importa”, 3 “me encanta” y 1 “me sorprende”— y acumuló 42 comentarios de ciudadanos que le dieron la razón y sumaron sus propias experiencias negativas.
En su relato, Luberriaga detalló una cadena de desmanejos, falta de coordinación y ausencia de sensibilidad humana: "A mi abuelo no le estaban dando su medicación diaria [...] porque no se había comunicado la medicación que él tomaba, cuando nosotros ya habíamos proporcionado toda esa información. FALTA DE COMUNICACIÓN".
Asimismo, cuestionó un intento de estudio realizado en condiciones inhumanas: "Lo vienen a buscar, sin ningún tipo de preparación previa. Había merendado, tenía la presión alta y mucho dolor y, sin embargo, así lo llevaron a hacerle el estudio. [...] No se imaginan el dolor que pasó. Gritaba: 'Por favor, sáquenme de acá, no aguanto más el dolor'".
Tras cinco días de espera, incertidumbre, omisiones en la medicación y diagnósticos cruzados sobre una resonancia de pelvis que inicialmente PAMI no autorizaba y que luego se sugirió realizar, la familia decidió otorgarle el alta voluntaria. Su abuelo se retiró sin un diagnóstico preciso, profundamente angustiado y agotado físicamente.
"Hoy mi abuelo, después de 5 días internado, se va sin un diagnóstico, sin tratamiento, con más dudas que cuando entró, angustiado y con todo lo que conlleva para una persona de casi 90 años estar internada, una pérdida de tiempo, que a su edad es lo que más vale", expresó.
Finalmente, Luberriaga aclaró que su reclamo no apunta a cuestionar el esfuerzo individual de los trabajadores, sino a interpelar al sistema sobre la necesidad imperiosa de recuperar la humanidad: "Sé perfectamente que quienes trabajan en salud muchas veces lo hacen en condiciones difíciles [...] pero también creo que hay algo que nunca debería perderse: la empatía".
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