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Extraviado y descarriado: una brújula para Poggi

El gobernador confunde financiamiento con dádivas que no tapan el ajuste nacional, mientras el rector de la UNViMe celebra un "milagro" que es solo migaja.

Por redacción
| 22 de mayo de 2026
Poggi y Sosa, celebrando la dádiva. Foto: ANSL.

Hay fotos políticas que, lejos de transmitir gestión, arrojan cinismo. La reciente puesta en escena de Claudio Poggi, firmando con aires de prócer la terminación de unas aulas para la Universidad Nacional de Villa Mercedes (UNViMe), es el síntoma perfecto de un gobierno provincial que camina a ciegas. 

 


Bajo el amparo de slogans bien empaquetados como la Beca Bus o las "expos educativas", el mandatario provincial ensayó una de sus frases más "audaces": “Yo decidí hacer, ayudar y colaborar”. La puesta en escena es perfecta, pero el libreto carece de todo sentido de la orientación. Al gobernador le falta una brújula.

 


El nudo de la cuestión es evidente: Poggi confunde el derecho al financiamiento universitario con la humillación de la dádiva. No se puede soplar y sorber al mismo tiempo. Es imposible posar como el gran benefactor de la educación pública en San Luis mientras, tras bambalinas, se aplaude el implacable torniquete presupuestario que el gobierno de Javier Milei aplica sobre las universidades. 

 


El doble juego es flagrante. Con legisladores como Mónica Becerra y Carlos Almena votando con los ojos cerrados cada poda en el Congreso, la gestión provincial intenta apagar un incendio estructural con un vaso de agua: creer que el marketing de las becas provinciales va a tapar la demolición de la ciencia y la educación superior es, en el mejor de los casos, una ingenuidad; en el peor, una estafa intelectual.

 


Este extravío político no es un hecho aislado, sino la identidad de una gestión que parece haber perdido el rumbo hace tiempo. Mejor dicho, nunca lo tuvo. A más de dos años de haber asumido el poder, el drama de Poggi es el de quien no sabe dónde está parado. 

 


Su supuesta autonomía es un cascarón; la realidad es que ha decidido delegar el timón, entregando la administración fáctica de la provincia al Consejo Federal de Inversiones (CFI). Una derrota política firmada en un papel.

 


Pero el extravío es contagioso y ha cruzado los muros de la academia. El espectáculo más triste de esta comedia lo dio el propio rector de la UNViMe, Marcelo Sosa, quien no dudó en calificar el auxilio discrecional del gobernador como "un milagro". 

 


¿Para qué sirven los doctorados, los laureles académicos y los años de biblioteca si ante la primera limosna estatal se pierde la capacidad de análisis socioeconómico? La universidad no necesita de la caridad ni de la compasión del poder de turno; exige los recursos que por ley le pertenecen para garantizar su soberanía.

 


Poggi camina descarriado, peligrosamente alejado de la sensatez. La dádiva es, por definición, mezquina, intermitente y profundamente interesada; solo sirve para alimentar el ego del gobernante en las coloridas ferias educativas que tanto lo desvelan. 

 


El futuro de la juventud y el desarrollo científico de la provincia no se sostienen con cotillón ni asistencia focalizada. Se sostienen con un presupuesto genuino, ese que el gobernador, con su silencio cómplice ante el ajuste nacional, ayuda a destruir todos los días.

 

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