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Los comedores y ollas populares ya alimentan a más de 250 personas por noche

De ATE a Villa Mercedes, de Instagram a Facebook. La crisis ya no se mide en inflación sino en raciones. Mientras 3 de cada 4 hogares no cubren sus gastos y el 42% pasó un día entero sin comer, las redes sociales se llenaron de colectas, ollas y merenderos que el Estado no sostiene.

Por redacción
| 30 de septiembre de 2026

El hambre tiene una nueva geografía en la provincia. Ya no está solo en los barrios del sur. Está en el centro, en Bolívar y San Martín, en los vivos de Facebook de Villa Mercedes y en los carruseles de Instagram que piden zapatillas para los chicos del merendero.

 

 

La prolongada crisis económica que atraviesa el país y la provincia generó un incremento en las ollas populares y merenderos, impulsados por la creciente cantidad de personas que no logran satisfacer sus necesidades básicas. El dato más crudo lo dio esta semana el Instituto Periferias. El 75,4% de las personas en barrios populares dijo que los ingresos de su hogar no alcanzan para cubrir gastos mínimos y el 42,3% aseguró que tuvo que pasar un día entero sin comer por falta de ingresos.

 

 

En San Luis, el relevamiento de julio del Monitoreo Económico, Social y Alimentario (MESA), es aún más letal. El 69,2% de los hogares tiene deudas y entre las familias endeudadas, la inseguridad alimentaria trepa al 84,3%.

 

 

El 74,2% de los hogares sufre inseguridad alimentaria, se privaron de carnes, verduras, frutas o directamente se saltearon comidas. Ya no es un instrumento de financiamiento. Es una soga, definieron desde los gremios.

 

 

El termómetro está en ATE

 

Un ejemplo claro se encuentra en la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado, ubicada en San Martín y Bolívar, donde este miércoles se llevó a cabo la 26ª olla popular del año. Organizada por agrupaciones políticas y sociales, esta iniciativa ha visto un aumento significativo en el número de asistentes semana tras semana.

 

 

Al principio eran jóvenes, algunos con adicciones o en situación de calle, luego comenzaron a venir jubilados, y ahora también chicos que comen y se llevan algo para sus familias, relató Daniel Sosa, referente del Movimiento Evita.

 

Según detalló, cada miércoles se preparan entre 220 y 250 raciones.

 

 

La misma lógica se replica en toda la provincia. El sindicato de Plásticos distribuye viandas para personas en situación de calle, varias iglesias retomaron la Copa de Leche los fines de semana y organizaciones como Barrios de Pie, CTEP y la CCC realizan jornadas nacionales de ollas populares que incluyen a San Luis como uno de los puntos críticos.

 

 

“Mejor que decir, es hacer”

 

Lo que muestran las redes es donde se ve el crecimiento real. En Villa Mercedes, el grupo “Ahora Nos Toca VM” documentó el 21 de septiembre una olla con pollo, fideos y pan en una calle de tierra, con la consigna “mejor que decir, es hacer”, mientras clasificaba ropa para repartir. Es el comedor “Manos Unidas”, uno de los que sostiene la contención donde el Estado no llega.

 

 

En la ciudad de San Luis, el caso del “Comedor Popular” (referente Natalia) se viralizó porque su cocinero contó que hacía un mes no podían cocinar por falta de recursos y que cuando volvieron, lo hicieron a leña porque se rompió la cocina y se quedaron sin gas. La olla se acabó rápido, dijo Natalia.

 

 

Y del otro lado, la solidaridad también se organiza. La cuenta Salón Vial Eventos lanzó la campaña 10 Merenderos, 10 Oportunidades para cambiar una infancia, donde seleccionará a cinco para darles merienda y zapatillas nuevas y a cinco para darles toda la materia prima para el almuerzo infantil. La consigna lo dice todo, no queremos regalar un día, queremos regalar oportunidades.

 

 

¿Por qué crecen? No es solo por el precio de los alimentos. Es porque el ajuste pegó donde más duele, en el ingreso fijo. En San Luis, el salario registrado real cayó 14,3% desde noviembre de 2023 y llenar el changuito cuesta 920.538 pesos. Una familia de cuatro necesitó más de 1.600.000 pesos para no ser pobre en agosto.

 

 

La consecuencia es que el comedor ya no es solo para el chico. Hoy va el abuelo que cobra la mínima, el cartonero que cuenta que hasta el precio del cartón bajó porque somos muchos los que salimos a juntar, y el pibe que se lleva la vianda para la madre.

 

La Red de Acompañamiento Familiar que propone el gobierno para reemplazar a los comedores comunitarios no alcanza. UTEP y Movimiento Evita ya pidieron decretar la emergencia alimentaria, medicinal y habitacional en enero. La emergencia ya llegó.

 

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